Unas Fiestas desde una perspectiva diferente

Cuando mi cuerpo y mi estómago empiezan a recuperarse de los excesos de todo tipo en las pasadas Fiestas de Moros y Cristianos y mientras sigo oyendo caer una magnífica tormenta desde hace ya horas, que si se hubiese adelantado una semana hubiese pasado por agua toda la Trilogía, me veo ya preparado para resumir lo que han sido para mi los pasados cuatro días de dicha Trilogía, contando también el Dia dels Músics que nunca suele tenerse en cuenta oficialmente de forma injusta frente a la Entrada, Sant Jordi y el Alardo. Y es que la primera de las novedades que me aguardaban en esta edición de las fiestas dedicadas al patrón Sant Jordi vendría ese primer día en el que ya mi perspectiva empezaría a cambiar.

Y es que gracias al ofrecimiento de Neus Úbeda pude disfrutar del acto del Himne de Festes desde una visión totalmente nueva a la de mis 40 años anteriores de vida. Junto con Neus, para los micrófonos de la Cope, tuve el placer de narrar durante más de dos horas este acto, cómodamente ubicado en el balcón de prensa del Ayuntamiento, una atalaya privilegiada de todo lo que sucedía en la Plaza de España, en sus aledaños, en sus balcones, incluso en sus terrazas. Con un simple barrido visual podía contemplar a miles de personas sobre la Bandeja o en los puntos más insospechados como la misma iglesia de Santa María, asomados, tratando de ver lo mejor posible el desfile de las veinte bandas primero, con las cuatro locales incluidas, y después la dirección del Himne por parte del músico ontinyentí Daniel Ferrero, hijo del Mestre Ferrero, del que se cumplían 25 años de su fallecimiento, y con el que previamente había tenido el gusto de hablar por teléfono. Durante más de dos horas repito, intenté ayudar a Neus en la narración del acto, contando con los jóvenes Gabi y Emma como ‘unidades móviles’, en el Parterre inicialmente y en las proximidades del Ayuntamiento más tarde. Así pudimos saludar al vicepresidente José Ciscar, por ejemplo, que llevaba una imagen de Sant Jordi en la solapa, bien asesorado, el líder del PP local, Rafa Miró, el del PSOE valenciano, Ximo Puig o los alcaldes de Alcoy y Ontinyent, Toni Francés y Jorge Rodríguez.

Reconozco que la visión aérea del Himno y su interpretación hizo que llegase a emocionarme, no me importa confesarlo, y más aún la llamada posterior de la madre de un amigo, únicamente para felicitarme por la retransmisión. Por último, ese día aún me depararía una sorpresa más y es que si bien quise ‘huir’ de la Nit de l’Olla en la filà y opté por una cena acompañado de gallegas, a mitad de Sant Nicolau fui casi ‘raptado’, eso sí amablemente, por mis amigos Miqueros y volví a desfilar por segunda vez en poco tiempo, la tercera en los últimos dos años y por tercera vez, tampoco me duele en prendas decirlo, volvía a disfrutar.

Pero el principal cambio de perspectiva estaba por llegar al día siguiente. El día D hora H, el día de las Entradas, el más intenso con diferencia de los 365 del año en nuestra ciudad. De nuevo los micrófonos de la Cope me permitirían vivir una nueva visión de estas Fiestas. A las 9 de la mañana ya estaba delante del Ayuntamiento e iniciaba el ascenso hasta más allá del Partidor. Allí ha sido donde he visto las Fiestas los últimos 15 años de mi vida, que se dice pronto, trabajando para las páginas de Ciudad, el periódico al que le quedan tres ediciones.

Este más allá del Partidor hasta Cantagallet, pasando por el colegio Sant Vicent, me permite ver los entresijos de la Fiesta, todos los pasos previos para que pasada la línea del famoso Partidor todo se convierta en orden y en un gran espectáculo que cada año asombra a miles de visitantes. Pero en esta ocasión no iba solo con mi inseparable bloc -que no blog- sino también con una pequeña radio y mi móvil a la caza de protagonistas. Así primero pude hablar con el capitán cristiano, Fernando Muñoz, en Cantagallet, antes de subirse a la carroza, luego con su diseñador, David Verdú, con Paco Pascual, cabo de la escuadra especial, con miembros del Mig de los Montañeses, en concreto con Jordi Colomina y Roberto Pérez, diseñador y escuadrero, también con el conseller de turismo, Máximo Such, poco antes de maquillarse para salir en la escuadra de las Tomasinas, quien iba acompañado por Rafa Miró, o con el compositor José María Valls Satorres, o con el alférez cristiano, Fede Jornet. I es que gracias a la amabilidad de Joan Jordi Coderch y del primer tro de los Guzmanes, Quico Cantó, pude entrar hasta la última de las aulas del colegio Sant Vicent, donde se estaba cambiando el propio Jornet, que muy amablemente habló previamente con la Cope antes de ponerse en manos definitivamente de José Moiña, y más tarde con su favorita, su esposa Leticia Riaza, en uno de los momentos más emocionantes del día, sin olvidar la charla con el nuevo embajador, Ricard Sanz, con Rafa Casasempere, uno de los componentes de la escuadra especial del alférez, e incluso con el propio Mossén Torregrosa, ostentado este año por el fester Juanjo Mas. En la partida del alférez cristiano fue testigo privilegiado del abrazo con el alférez moro, Carlos Aracil, que vestido de calle junto a su esposa quiso acercarse a dar suerte a su homólogo del otro bando, quien también habló para la Cope junto al primer tro de la Llana, Luis Sorolla.

Algo parecido sucedió por la tarde con el diseñador Alfredo Mullor, al que acompañé mientras daba los últimos retoques al boato del capitán moro, Jordi Pascual, y veía como el hijo pequeño de Jordi era convencido para que desfilara junto a su padre en la carroza pese a los lloros iniciales. Se me perdió como curiosidad la escuadra especial del capitán a la que encontré ya saliendo rauda y veloz hacia la famosa línea del Partidor, mientras sí que pude hablar con el siempre especial director musical Gori Casasempere, con el organista Paco Amaya, con Juan Carrión, uno de los componentes de la escuadra del Mig de los Ligeros o con el alcalde de Alcoy, Toni Francés, antes de partir con la escuadra de los Miqueros en lo que era su debut. Curiosamente declinaba muy amablemente mi invitación a realizar alguna pequeña  declaración la festera Nuria Martínez, pues me comentaba que nunca lo había hecho en los 15 años que llevaba ya de festera de pleno derecho. 

Sobre las ocho de la tarde partía del Partidor -juego de palabras- en dirección a la redacción del periódico al que solo le quedan tres ediciones de vida, dejando el móvil y los auriculares, para cambiarlos por un viejo conocido como es el teclado de un ordenador. Pese a que regresaba a las once y media de la noche a casa, más de catorce horas después de haber llegado al Ayuntamiento, lo hacía con gran satisfacción pues pienso que había ayudado a lograr algo que hasta ahora no se había conseguido en nuestra ciudad: que parte de sus protagonistas hablasen para unos radioyentes previamente a iniciar el desfile de la Entrada. Otra perspectiva diferente de la Fiesta. En Sant Jordi volví a disfrutar del ambiente que se vive dentro de una filà para la cena y pasacalle y para el Alardo presencié la estafeta cristiana y la embajada vespertina, parte del tiempo cerca de Carlos Aracil, actos todos que me acercan más a la particular idiosincrasia festera alcoyana.

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