John McClane se está haciendo mayor

En su día, hace ya 25 años, ‘La jungla de cristal’ se convirtió un film que revolucionó el cine de acción. De forma inesperada, nacía una especie de antihéroe, fumador, borde, casi divorciado, desencantado de la vida, que, sin querer, tenía que salvar uno de los edificios más famosos del cine, el Nakatomi Plaza, de las garras del genial Alan Rickman y sus secuaces. Una antítesis de los fibrados Stallone, Schwarzenegger, Van Damme, Norris… Corría el año 1988 y por una vez los tíos que traducen alegremente los títulos estaban algo inspirados y pasaban del ‘Die Hard’ original, Duro de matar, optando por esta jungla cristalina, algo que se les volvería en contra en las siguentes entregas, pues estas iban a estar ambientadas en un aeropuerto, en Nueva York, ante un terrorista informático y en ésta, Moscú. Y es que 2013 ha llegado La Jungla 5, aunque no se atreven a poner el número por ninguna parte y se limitan a subtitular ‘Un buen día para morir’. 

Bruce Willis ha vuelto a cumplir con la rutina de meterse cada x años en la piel del policía que acaba tiroteado, magullado y con una camiseta interior blanca llena de sangre -en la primera sin zapatos- esta vez compartiendo disparos con su hijo, John Jack Jr. pero sin dejar de lado su media sonrisa con la boca apretada y su sistema básico de matar a los malos. Pero si la segunda parte todavía aguantó bien el tirón de la primera, en la tercera pese a tener en frente a Jeremy Irons y como aliado a Samuel L. Jackson ya empezó a decaer y en la cuarta a ser prescindible. En esta quinta es ya solo para los muy, muy, muy, fans de Bruce. No en vano su extensión es de poco más de hora y media, acostumbrado a films de dos horas y media o tres. Ahora solo queda esperar a que pasen unos añitos para vez a McClane de nuevo, no sé si esta vez ya protegiendo a sus nietos y con una residencia de la tercera edad acristalada como nueva ubicación de la sexta entrega.